Podría pasar horas contemplando el fuego,
ese ente cambiante, peligroso y necesario,
etéreo e intermitente.
Podría pasar horas sintiendo su calidez
tocar mi piel,
respirando humo
disuelto en oxígeno.
Podría pasar horas escuchando como la materia
se consume.
Destructor y protector del hombre,
mientras viva el fuego arde el alma,
pero si se expande demasiado con todo arrasa.