A veces siento que agoté mi poesía,
hasta que algún dolor del pecho
de un tirón me arranca un verso.
Luego se expande, se multiplica,
y de mis manos chorrean palabras,
y de mi boca gotea tu nombre,
y de mis ojos como cascadas
caen una tras otra mis fantasías.
Porque puedo vivir mucho tiempo en mi cabeza,
encerrada en mi torre de mentiras.
Me quedo ahí, donde nadie me lastima,
donde no existe tal cosa como el hambre,
ni la guerra, ni el dinero. Ya no hay sangre.
Sin mis sueños
mi corazón en estado de sitio.
Si me gana la desesperanza
vuelve la Bestia a llenarme de vicios,
y aunque vaya en contra de mi esencia
toco fondo y me quedo dormida,
de sentimientos es total la carencia,
me vuelvo mi gran enemiga.
Y ahí volvés vos, poesía,
a sacarme de las profundidades,
a transformar en arte esta angustia
para que mis sueños puedan ser verdades.
No hay en vos versos que no curen mis males,
son antídoto de cualquier veneno,
tinta que lava mis inseguridades,
hechizos que me sacan los miedos.
Mariana Vitali.
la galaxia pulsa y yo respondo: la libertad la llevo en mis alas, la fuerza en mi espíritu, y el amor entre mi pecho y las estrellas
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