Interrumpió mi andar un pájaro negro
me trajo un presagio
que guardo para mí.
Acarició la superficie de la tierra
esta brisa estival
que me incita a caminar descalza.
Vení, dame la mano
y vivamos la nueva vuelta al sol.
No creo en espejismos,
creo en las miradas
y en mí.
Por eso dame la mano
o dejame correr lejos
donde no me encuentre ni el viento.
Sobrevolando algún lago nebuloso,
donde flote el agua y se disipe la luz.
Igual, sé que puedo huir de todo
menos de la vida que guardan tus ojos.
No puedo dejar de mirarte
no dejes de mirarme.
Creo en nuestras miradas,
dame la mano, te invito a contar atardeceres.
Mariana Vitali.
la galaxia pulsa y yo respondo: la libertad la llevo en mis alas, la fuerza en mi espíritu, y el amor entre mi pecho y las estrellas
jueves, 31 de diciembre de 2015
martes, 15 de diciembre de 2015
Y, es que me asusta la ausencia.
Comienzo a escribir,
tacho renglones y rompo hojas.
Sostengo entre mis manos
mi cabeza
recordándote
mientras escucho alguna canción nostálgica,
y es que aprendí a extrañarte
sin quebrarme.
Hay tantas cosas para escribir
y tan poco papel,
tan poca tinta.
En mi oído
se mezcla la música, los pájaros y el lavarropas,
y me encuentro con esta paz sorda otra vez,
con este instante en el que siento
el peso de una palabra
en mis labios
que no aprendí a pronunciar
sin despertarme.
Comienzo a escribir
para desmenuzar en letras
los que moviliza mi espíritu,
y corro más rápido de lo que puedo.
Siempre llego al mismo lugar,
siempre está tu sombra,
y es que no puedo soñar (despierta o dormida)
sin invocarte.
Mariana Vitali.
tacho renglones y rompo hojas.
Sostengo entre mis manos
mi cabeza
recordándote
mientras escucho alguna canción nostálgica,
y es que aprendí a extrañarte
sin quebrarme.
Hay tantas cosas para escribir
y tan poco papel,
tan poca tinta.
En mi oído
se mezcla la música, los pájaros y el lavarropas,
y me encuentro con esta paz sorda otra vez,
con este instante en el que siento
el peso de una palabra
en mis labios
que no aprendí a pronunciar
sin despertarme.
Comienzo a escribir
para desmenuzar en letras
los que moviliza mi espíritu,
y corro más rápido de lo que puedo.
Siempre llego al mismo lugar,
siempre está tu sombra,
y es que no puedo soñar (despierta o dormida)
sin invocarte.
Mariana Vitali.
miércoles, 9 de diciembre de 2015
Podría en 4/5.
Podría ir más allá de la frontera del mundo
si alcanzo la siguiente bandada de cuervos
que busca algún pedazo de piel que picar,
en algún escenario mortal, donde no hay olor a otra cosa que a dolor.
Podría ir más allá de la frontera del cielo
aferrada al lomo de un temerario Cóndor
enfilándose hacia el infinito, para cerrar las alas
y caer
esperando encontrarse otra vez con la razón de sus lágrimas.
Podría bucear más profundo que el fondo del mar
si ato este espejo a los tentáculos de un pulpo
para que absorban sus ventosas
todos los prejuicios que pude tener.
Podría sostener que podría hacer muchas cosas
si tuviera otra suerte
otro amor
otra cara,
pero al final solo tendría un podría...
Mariana Vitali.
si alcanzo la siguiente bandada de cuervos
que busca algún pedazo de piel que picar,
en algún escenario mortal, donde no hay olor a otra cosa que a dolor.
Podría ir más allá de la frontera del cielo
aferrada al lomo de un temerario Cóndor
enfilándose hacia el infinito, para cerrar las alas
y caer
esperando encontrarse otra vez con la razón de sus lágrimas.
Podría bucear más profundo que el fondo del mar
si ato este espejo a los tentáculos de un pulpo
para que absorban sus ventosas
todos los prejuicios que pude tener.
Podría sostener que podría hacer muchas cosas
si tuviera otra suerte
otro amor
otra cara,
pero al final solo tendría un podría...
Mariana Vitali.
martes, 3 de noviembre de 2015
Enamorarse es un castigo.
Será porque el amor es como un tsunami que viene a arrasar con todo, llevándose a lo más profundo del océano nuestros designios, será por eso que es tan temido. Será porque de un momento a otro, y sin previo aviso, explota, detonándose a sí mismo en cristales policromáticos que se insertan en los tejidos. Lo que queda no es otra cosa que vidrio y tendones, nervios y carne incrustados de brillantes.
Será porque en el microsegundo en el que das la vuelta para marcharte quedo desolada, perdida, y me preguntó por qué, ¿por qué estoy condenada a ahogarme en el desierto?
Será porque no puedo callar que escribo, será porque no conozco un dolor más hermoso que elijo sentirlo, será porque no puedo olvidar que espero. Será porque el amor lastima y cura, será porque sangra y construye, será porque somos duales.
Lo que sigue es un renacer constante, un nuevo sol cada amanecer.
Mariana Vitali.
Será porque en el microsegundo en el que das la vuelta para marcharte quedo desolada, perdida, y me preguntó por qué, ¿por qué estoy condenada a ahogarme en el desierto?
Será porque no puedo callar que escribo, será porque no conozco un dolor más hermoso que elijo sentirlo, será porque no puedo olvidar que espero. Será porque el amor lastima y cura, será porque sangra y construye, será porque somos duales.
Lo que sigue es un renacer constante, un nuevo sol cada amanecer.
Mariana Vitali.
martes, 20 de octubre de 2015
Retrato.
No puedo dejar de mirarte,
mis ojos se impregnan de tu imagen,
ahogo mi universo
en tus pestañas
para perderme entre el murmullo y tus iris café.
Recuerdo el tacto,
la sensación que produce tu boca
roja, carnosa,
pegada a la mía.
Nuestras narices rozándose,
y mi aliento y tu aliento
uniéndose,
bailando,
tornándose homogéneos.
Me apuñala el recuerdo,
pero no dejo de mirarte.
Tus cejas prominentes,
tus seguros hombros,
tu espalda ancha,
tu pelo oscuro.
Recuerdo el abrazo,
la fuerza
de tus brazos
envolviendo mi cuerpo
mientras todo se derrite.
Yo me fundo en tu pecho,
y tu corazón
retumba en mi corazón.
Me quema el recuerdo,
invade cada célula,
aprisiona,
pero no puedo dejar de mirarte.
Mariana Vitali.
mis ojos se impregnan de tu imagen,
ahogo mi universo
en tus pestañas
para perderme entre el murmullo y tus iris café.
Recuerdo el tacto,
la sensación que produce tu boca
roja, carnosa,
pegada a la mía.
Nuestras narices rozándose,
y mi aliento y tu aliento
uniéndose,
bailando,
tornándose homogéneos.
Me apuñala el recuerdo,
pero no dejo de mirarte.
Tus cejas prominentes,
tus seguros hombros,
tu espalda ancha,
tu pelo oscuro.
Recuerdo el abrazo,
la fuerza
de tus brazos
envolviendo mi cuerpo
mientras todo se derrite.
Yo me fundo en tu pecho,
y tu corazón
retumba en mi corazón.
Me quema el recuerdo,
invade cada célula,
aprisiona,
pero no puedo dejar de mirarte.
Mariana Vitali.
lunes, 28 de septiembre de 2015
No sólo Júpiter tiene una Gran Mancha.
Ahora sé que nunca fui,
que sólo soy un eco desfigurado
de algún deseo moribundo.
Ahora sé que no sentiste,
que después del horizonte
solo hay vacío, oscuridad, frío.
Ahora sé que fui
incluso menos que un caramelo en la boca
antes del almuerzo,
que encendí mi alma,
como luces led de alternantes colores,
para un desconocido,
para un equívoco.
Grité, lloré, rompí, quebré, golpeé,
me resigné, entendí,
desentendí,
me enojé, perdoné, elegí creer,
me decepcioné, perdí,
volví a llorar.
Reí con vos, y me odié
porque no te puedo odiar.
Grité, lloré, rompí, quebré, golpeé,
me resigné y me ahogué.
Nadé para llegar
al ojo de la tormenta.
Mariana Vitali.
que sólo soy un eco desfigurado
de algún deseo moribundo.
Ahora sé que no sentiste,
que después del horizonte
solo hay vacío, oscuridad, frío.
Ahora sé que fui
incluso menos que un caramelo en la boca
antes del almuerzo,
que encendí mi alma,
como luces led de alternantes colores,
para un desconocido,
para un equívoco.
Grité, lloré, rompí, quebré, golpeé,
me resigné, entendí,
desentendí,
me enojé, perdoné, elegí creer,
me decepcioné, perdí,
volví a llorar.
Reí con vos, y me odié
porque no te puedo odiar.
Grité, lloré, rompí, quebré, golpeé,
me resigné y me ahogué.
Nadé para llegar
al ojo de la tormenta.
Mariana Vitali.
lunes, 7 de septiembre de 2015
Es hora de ir a ningún lado, es el momento justo para perderse.
¿Para qué seguir esperando?
Es mejor olvidar, olvidarte, arrancarte de raíz.
Es hora de ir a todos lados, es el momento justo para correr.
Si me quedo y me encuentro con tus ojos
vuelvo a caer.
Es hora de salir de este desierto, es el momento justo para desvanecerte.
No hay tiempo más que este,
el instante para seguir.
Voy a resistir cada ola,
voy a mantenerme de pie,
voy a contener el aire si me sumerjo,
y luego voy a emerger.
Mariana Vitali.
¿Para qué seguir esperando?
Es mejor olvidar, olvidarte, arrancarte de raíz.
Es hora de ir a todos lados, es el momento justo para correr.
Si me quedo y me encuentro con tus ojos
vuelvo a caer.
Es hora de salir de este desierto, es el momento justo para desvanecerte.
No hay tiempo más que este,
el instante para seguir.
Voy a resistir cada ola,
voy a mantenerme de pie,
voy a contener el aire si me sumerjo,
y luego voy a emerger.
Mariana Vitali.
lunes, 31 de agosto de 2015
Rejas.
Construimos rejas
con adornos que las embellecen
para sentirnos menos prisioneros
de nosotros mismos.
Por miedo
reprimimos nuestro latir,
eligiendo creer en un control falso
de nuestra vida.
Basta de temerle a la muerte,
basta de temerle al amor,
basta de pintar con espejismos mundanos
las paredes de nuestra habitación.
Con el mundo a nuestros pies
nos pusimos de rodillas
porque fue más fácil pretender
que nos hicieron con arcilla.
Proyectando sombras
de nuestra propia risa
caímos
erosionando lo que incluso antes
ya estaba corrompido.
Mariana Vitali.
con adornos que las embellecen
para sentirnos menos prisioneros
de nosotros mismos.
Por miedo
reprimimos nuestro latir,
eligiendo creer en un control falso
de nuestra vida.
Basta de temerle a la muerte,
basta de temerle al amor,
basta de pintar con espejismos mundanos
las paredes de nuestra habitación.
Con el mundo a nuestros pies
nos pusimos de rodillas
porque fue más fácil pretender
que nos hicieron con arcilla.
Proyectando sombras
de nuestra propia risa
caímos
erosionando lo que incluso antes
ya estaba corrompido.
Mariana Vitali.
domingo, 19 de julio de 2015
Fuego.
Podría pasar horas contemplando el fuego,
ese ente cambiante, peligroso y necesario,
etéreo e intermitente.
Podría pasar horas sintiendo su calidez
tocar mi piel,
respirando humo
disuelto en oxígeno.
Podría pasar horas escuchando como la materia
se consume.
Destructor y protector del hombre,
mientras viva el fuego arde el alma,
pero si se expande demasiado con todo arrasa.
martes, 23 de junio de 2015
Cuadro de Invierno.
La quietud
entre la niebla
juntabas con tus pestañas
la sal,
ahogabas en un grito
el silencio.
Tengo congelada la espina,
la médula baila en la estructura ósea,
me duelen los pies.
Todo es frío y blanco.
Vas cayendo como un pluma,
yo como una piedra.
Ninguno pudo distinguir
si se trataba de vida
o de muerte,
de cielo
o infierno.
Fuiste mi crimen, mi condena
y mi castigo.
Yo fui el tuyo.
Quizás sigamos siéndolo.
Mariana Vitali
entre la niebla
juntabas con tus pestañas
la sal,
ahogabas en un grito
el silencio.
Tengo congelada la espina,
la médula baila en la estructura ósea,
me duelen los pies.
Todo es frío y blanco.
Vas cayendo como un pluma,
yo como una piedra.
Ninguno pudo distinguir
si se trataba de vida
o de muerte,
de cielo
o infierno.
Fuiste mi crimen, mi condena
y mi castigo.
Yo fui el tuyo.
Quizás sigamos siéndolo.
Mariana Vitali
miércoles, 17 de junio de 2015
Sin nombre.
Clasificar limita,
reduce posibilidades,
lo que podría ser.
No hay palabras
que puedan fielmente definir
una sensación
tan pura.
No puede ser empobrecida
con versos rancios,
con ornamentos inútiles.
Si le pongo nombre a
a lo que somos
a lo que siento
me quedo sin nada:
sin nuestras propias mentes,
sin nuestras miradas,
sin la paz sorda, lumínica y homogénea
que me rodea con tus brazos,
sin el instante en que se apaga el mundo
y solo somos.
Mariana Vitali.
reduce posibilidades,
lo que podría ser.
No hay palabras
que puedan fielmente definir
una sensación
tan pura.
No puede ser empobrecida
con versos rancios,
con ornamentos inútiles.
Si le pongo nombre a
a lo que somos
a lo que siento
me quedo sin nada:
sin nuestras propias mentes,
sin nuestras miradas,
sin la paz sorda, lumínica y homogénea
que me rodea con tus brazos,
sin el instante en que se apaga el mundo
y solo somos.
Mariana Vitali.
miércoles, 3 de junio de 2015
Sobre la depresión.
La gravedad parece intensificar su peso y los músculos
pierden su fuerza de voluntad. Cada suspiro rompe algo dentro de uno. La cara
enrojecida, los ojos hundidos, el dolor en las piernas. Solo se puede caminar
sin rumbo fijo, solo se puede vivir sin razones para hacerlo.
Hay días sin hambre, y hay días donde se traga lo primero
que aparezca frente a los ojos. El cuerpo es uno distinto cada semana y parece
más de otra persona que propio. No hay sensaciones que puedan ser nombradas
como tal, pues a no se siente el tacto del agua, ni el sol, poco importa el
viento y la lluvia. Lo que sí se siente es el frío, calando cada fibra,
metiéndose en lo más profundo de uno. Frío, pesadez e indiferencia es todo lo
que la depresión deja sentir.
Mariana Vitali.
Mariana Vitali.
jueves, 21 de mayo de 2015
A esta altura de la vida
sabemos los dos muy bien
que yo ya no soy la niña que era,
(ya no soy tu niña pequeña)
ya no tengo esa inocencia,
el mundo también me pudo corromper.
A esta altura de la vida
soy consciente que ya no me quedan
ni lágrimas, ni reclamos,
solo me queda entender,
seguir,
intentar, crecer.
A esta altura de la vida
sabemos que no podemos borrar
lo que quedó atrás,
que lo que se dijo se dijo,
y lo que no, no lo podemos callar.
A esta altura de la vida
deberías saber muy bien
que si estás perdido
nadie
(nadie más que vos mismo)
te puede ayudar.
A esta altura de la vida
deberíamos poder entender
que la perfección no existe,
somos personas que se equivocan para aprender.
A esta altura de la (mi) vida
yo pude ver
que extraño y necesito tus abrazos,
los necesito para poder creer
en mi, en vos, en el mundo.
Mariana Vitali
sabemos los dos muy bien
que yo ya no soy la niña que era,
(ya no soy tu niña pequeña)
ya no tengo esa inocencia,
el mundo también me pudo corromper.
A esta altura de la vida
soy consciente que ya no me quedan
ni lágrimas, ni reclamos,
solo me queda entender,
seguir,
intentar, crecer.
A esta altura de la vida
sabemos que no podemos borrar
lo que quedó atrás,
que lo que se dijo se dijo,
y lo que no, no lo podemos callar.
A esta altura de la vida
deberías saber muy bien
que si estás perdido
nadie
(nadie más que vos mismo)
te puede ayudar.
A esta altura de la vida
deberíamos poder entender
que la perfección no existe,
somos personas que se equivocan para aprender.
A esta altura de la (mi) vida
yo pude ver
que extraño y necesito tus abrazos,
los necesito para poder creer
en mi, en vos, en el mundo.
Mariana Vitali
domingo, 17 de mayo de 2015
Verso libre.
No tengo dueño,
soy un verso libre.
Me armo y me desarmo como prefiero,
me camuflo,
destaco,
puedo.
Soy indiferente,
me resisto,
exploro,
pruebo.
Te olvido y me gusta,
te recuerdo
y pierdo.
No estoy atado a nada,
ni a vos, no al suelo.
¿Pensaste que era tuyo?
¡No tengo dueño!
Soy un verso libre,
descanso en el cielo.
Como dudo
para mí todo es posible.
Mariana Vitali.
lunes, 27 de abril de 2015
Los nubarrones anteceden la tormenta.
Salí de la escuela, me subí a la bicicleta y me encaminé hacia mi casa; esa casa que hace tiempo había dejado de serlo, pero que ahora, por causas de fuerza mayor, volvía a recuperar ese título. Me fijé si él seguía todavía en la esquina de la escuela. No era así, se había ido.
En las posteriores cuadras entré en un estado de ensimismamiento que no me permitía prestar atención a la mitad de las cosas que pasaban a mi alrededor. Un bocinazo me sacó de mis pensamientos, pero no tardé mucho para volverme a sumergir en los mismos, aunque esta vez de forma más precavida, prestando más atención a mi entorno. Hacía frío, lo sentía en la nariz, pero en ningún otro sector del cuerpo, ya que el movimiento constante que supone ir en bicicleta me mantenía caliente. En mi cabeza se repetía su nombre constantemente, mi ánimo empezaba a cambiar con el clima, cada segundo más ventoso, cada instante más gris, cada momento más húmedo. Pensé en mi vida, pensé que siempre tuve viento en contra, un viento que no me impide llegar, pero si que dificulta el trayecto, que hace que mis piernas pesen el doble. Se me puede acusar de pesimista, pero no lo soy, soy realista, hay gente que nace con viento a favor y ese no era mi caso.
Empezó a chispear y, aunque la lluvia me encanta, no tenía deseos de mojarme antes de llegar a casa. Aumenté la velocidad, tanto que mi respiración comenzó a agitarse. Empecé a desesperarme, como si todo lo que iba dejando atrás desapareciera y yo estuviese avanzando hacia una nube negra, una nube que tenía grabada en su esencia la palabra "tormenta". El viento me daba en la cara, la nariz se me había congelado. Su nombre seguía sonando en mi cabeza. No pude evitar las lágrimas que empezaron a resbalar por mis mejillas haciendo que éstas duelan. Y él era mi excusa, mi excusa para llorar, porque no quería llorar por las otras cosas, no quería llorar por mi viejo, no más. Pero la sensación de angustia que se me anudaba en el pecho desde hacía ya varios años, la cual siempre estaba presente, se había maximizado en las últimas semanas. Una sensación de mal presagio que no se termina jamás, un círculo vicioso. Lo que venía sería peor, siempre era peor, pero yo estaba preparada para lo que viniera, porque sabía y sé que al dolor, incluso al peor de los dolores se sobrevive, y luego se supera, y se sigue adelante.
En las posteriores cuadras entré en un estado de ensimismamiento que no me permitía prestar atención a la mitad de las cosas que pasaban a mi alrededor. Un bocinazo me sacó de mis pensamientos, pero no tardé mucho para volverme a sumergir en los mismos, aunque esta vez de forma más precavida, prestando más atención a mi entorno. Hacía frío, lo sentía en la nariz, pero en ningún otro sector del cuerpo, ya que el movimiento constante que supone ir en bicicleta me mantenía caliente. En mi cabeza se repetía su nombre constantemente, mi ánimo empezaba a cambiar con el clima, cada segundo más ventoso, cada instante más gris, cada momento más húmedo. Pensé en mi vida, pensé que siempre tuve viento en contra, un viento que no me impide llegar, pero si que dificulta el trayecto, que hace que mis piernas pesen el doble. Se me puede acusar de pesimista, pero no lo soy, soy realista, hay gente que nace con viento a favor y ese no era mi caso.
Empezó a chispear y, aunque la lluvia me encanta, no tenía deseos de mojarme antes de llegar a casa. Aumenté la velocidad, tanto que mi respiración comenzó a agitarse. Empecé a desesperarme, como si todo lo que iba dejando atrás desapareciera y yo estuviese avanzando hacia una nube negra, una nube que tenía grabada en su esencia la palabra "tormenta". El viento me daba en la cara, la nariz se me había congelado. Su nombre seguía sonando en mi cabeza. No pude evitar las lágrimas que empezaron a resbalar por mis mejillas haciendo que éstas duelan. Y él era mi excusa, mi excusa para llorar, porque no quería llorar por las otras cosas, no quería llorar por mi viejo, no más. Pero la sensación de angustia que se me anudaba en el pecho desde hacía ya varios años, la cual siempre estaba presente, se había maximizado en las últimas semanas. Una sensación de mal presagio que no se termina jamás, un círculo vicioso. Lo que venía sería peor, siempre era peor, pero yo estaba preparada para lo que viniera, porque sabía y sé que al dolor, incluso al peor de los dolores se sobrevive, y luego se supera, y se sigue adelante.
lunes, 2 de marzo de 2015
Versos de lo que calle, de lo que dije y de lo que sueño-siento.
¿Quién puede entender
tu tristeza?
Porque a mis ojos
tu silueta onírica
parece la de un ángel caído.
¿Sabés?
contuve muchas lágrimas
en la comisura de mis labios,
y quizás este sea el resultado.
Y sí,
la locura no es más
que un golpe
de extrema lucidez.
Como la arena
espejando el sol,
quemando la piel.
El silencio se rompe
con los latidos.
No me dejes,
no te vayas,
no permitas que mis demonios
me encuentren a solas,
porque soy más de que se ve
y más de lo que muestro,
tan profunda
como una fosa oceánica.
Me besaste las cicatrices,
¿lo hiciste?
¿o solo lloraste sobre ellas?
¿las viste?
¿o solo pretendí que me veías completa?
Realmente no lo se,
porque con certeza se pocas cosas
en esta vida,
pero al menos se que mis heridas
hoy
ya no duelen tanto.
Mariana Vitali.
tu tristeza?
Porque a mis ojos
tu silueta onírica
parece la de un ángel caído.
¿Sabés?
contuve muchas lágrimas
en la comisura de mis labios,
y quizás este sea el resultado.
Y sí,
la locura no es más
que un golpe
de extrema lucidez.
Como la arena
espejando el sol,
quemando la piel.
El silencio se rompe
con los latidos.
No me dejes,
no te vayas,
no permitas que mis demonios
me encuentren a solas,
porque soy más de que se ve
y más de lo que muestro,
tan profunda
como una fosa oceánica.
Me besaste las cicatrices,
¿lo hiciste?
¿o solo lloraste sobre ellas?
¿las viste?
¿o solo pretendí que me veías completa?
Realmente no lo se,
porque con certeza se pocas cosas
en esta vida,
pero al menos se que mis heridas
hoy
ya no duelen tanto.
Mariana Vitali.
sábado, 21 de febrero de 2015
Ceguera.
No recuerdo en qué momento fue
pero me perdí,
traté de buscarme
y no me hallé
ni fuera ni dentro de mí.
No quiero que llegue el invierno
porque si hace frío
llorar duele más.
Quiero sentir de nuevo
ese fuego que calentaba mi alma,
ese fuego que impulsa a soñar,
a creer.
¿Qué tan sólidas
son estas paredes?
¿Cuánto tiempo
aguantarán de pie?
¿Cómo suena mi voz
cuando no me ves?
¿Por qué todavía
guardás ese poema?
¿Por qué todavía
la amás así?
¿Por qué dejaste que corrompa tu vida,
y que me corrompa a mí?
No se si me perdí antes
o después de intentar
rescatarte a vos,
pero no tengo fuerza
y me duele el tiempo,
y no puedo decir adiós.
Estoy atada a un camino
que no se si estoy dispuesta
a recorrer,
y aunque me desangre y llore,
me rompa y me rehaga,
no creo que lo puedas ver.
Mariana Vitali.
pero me perdí,
traté de buscarme
y no me hallé
ni fuera ni dentro de mí.
No quiero que llegue el invierno
porque si hace frío
llorar duele más.
Quiero sentir de nuevo
ese fuego que calentaba mi alma,
ese fuego que impulsa a soñar,
a creer.
¿Qué tan sólidas
son estas paredes?
¿Cuánto tiempo
aguantarán de pie?
¿Cómo suena mi voz
cuando no me ves?
¿Por qué todavía
guardás ese poema?
¿Por qué todavía
la amás así?
¿Por qué dejaste que corrompa tu vida,
y que me corrompa a mí?
No se si me perdí antes
o después de intentar
rescatarte a vos,
pero no tengo fuerza
y me duele el tiempo,
y no puedo decir adiós.
Estoy atada a un camino
que no se si estoy dispuesta
a recorrer,
y aunque me desangre y llore,
me rompa y me rehaga,
no creo que lo puedas ver.
Mariana Vitali.
lunes, 26 de enero de 2015
Como la lluvia.
Lentamente la lluvia
va empapando hasta el más pequeño rincón
de nuestras existencias.
La sensación fría
que gota a gota invade mi cuerpo
es, a su vez, demasiado cálida.
Espero que al llegar el invierno
me estés envolviendo en tus brazos.
Solo de vez en cuando
es bueno voltear a observar nuestras pisadas,
asimilar nuestro camino,
reconocer el terreno.
Levantar la vista,
contemplando el cielo,
la luna, las estrellas, el sol,
el tiempo.
Cierro los ojos y escucho en el viento
sonidos, como ecos,
que terminan en silencio.
Somos como la lluvia de verano,
refrescando la tierra,
escuchando lamentos.
Lentamente la lluvia
va cubriendo en su totalidad el suelo,
y al cesar el aire
parece más denso.
La atmósfera se llena de nostalgia,
y pareciera que nuestros latidos
acompasan el momento.
Somos como la lluvia de invierno,
refrescando la tierra,
escuchando lamentos.
Mariana Vitali.
va empapando hasta el más pequeño rincón
de nuestras existencias.
La sensación fría
que gota a gota invade mi cuerpo
es, a su vez, demasiado cálida.
Espero que al llegar el invierno
me estés envolviendo en tus brazos.
Solo de vez en cuando
es bueno voltear a observar nuestras pisadas,
asimilar nuestro camino,
reconocer el terreno.
Levantar la vista,
contemplando el cielo,
la luna, las estrellas, el sol,
el tiempo.
Cierro los ojos y escucho en el viento
sonidos, como ecos,
que terminan en silencio.
Somos como la lluvia de verano,
refrescando la tierra,
escuchando lamentos.
Lentamente la lluvia
va cubriendo en su totalidad el suelo,
y al cesar el aire
parece más denso.
La atmósfera se llena de nostalgia,
y pareciera que nuestros latidos
acompasan el momento.
Somos como la lluvia de invierno,
refrescando la tierra,
escuchando lamentos.
Mariana Vitali.
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LVX MVNDI
Me armé un paraíso en la poesía, donde las nereidas juegan a la rayuela en las nubes y las golondrinas ya no migran. Un para-siempre de...
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Me armé un paraíso en la poesía, donde las nereidas juegan a la rayuela en las nubes y las golondrinas ya no migran. Un para-siempre de...
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Ahí es cuando me doy cuenta que acá se rompe el tiempo, y no se puede matar un amor que vuelve a nacer mil veces en una mirada. Sos luna en...
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La orilla estaba llena de huellas, y el mar las borró entre olas. Las gaviotas imprimieron en la arena nuevamente sus pisadas, y se perdier...