lunes, 26 de junio de 2017

De pesadillas y despertares

Escribí tanto de mis heridas, de mis miedos y de mis ansias.
Vomité versos y párrafos en cada papel que llegó a mis manos.
Exprimí la tristeza de mis ojos hasta creerla extinta.
Y creí,
realmente creí que la angustia que me pesaba en el pecho permanecería encerrada en mis palabras.
Pero estaba escondida,
agazapada,
esperando para cazarme,
como la Reina de las Bestias.

Todo lo que Creía Olvidado me acorraló,
apareció súbitamente,
como aparecen las arañas cuando limpiás detrás de los muebles.
Todo lo que Creía Resuelto me miró a los ojos
como nunca antes nadie me había mirado.
-Acá estoy, todavía estoy. Nunca me fui, porque jamás me venciste.- dijo,
y al siguiente segundo me besó.
Su lengua áspera y fría,
hurgando en mi interior, raspó mis recuerdos.
Temblé de rabia y de temor,
de impotencia y de asco;
y la Bestia se detuvo, pero sostuvo fija su mirada en mí.

Otra vez el Demonio con Cara de Ausencia me respiraba cerca del corazón.
Su aliento comenzó a asfixiarme,
me sentí muerta.
 
Vi mi funeral desde mi ataúd,
hacía frío y me vistieron de blanco.
El cielo era tormenta, al igual que los ojos de mis hermanos,
al igual que mis propios ojos.
Yo estaba ahí,
mirándome
desgarrada,
tocando la madera del cajón,
desgarrada
pero pretendiendo que podía mantenerme de pie.

Ese no era mi féretro ni mi velorio.

Las paredes se resquebrajaron
y cayeron,
y ante mí la Bestia rugía a carcajadas.
Se estremeció la tierra y se apagó el mundo.
 
No hubo ni cielo, ni infierno, ni purgatorio:
hubo vacío y soledad.

No sé decir si duró un instante o una eternidad,
el Tiempo estaba roto, inerte.

Comencé a escuchar, a la distancia,
un sonido constante, centrífugo,
como el girar de una rueda,
cada vez más rápido,
cada vez más fuerte.

Me mareaba,
me aturdía,
era un sonido como de lavarropas.
Estaba sola en mi cabeza.
¿Sola?
No, estaba con esa Bestia,
con ese Gran Demonio,
que me acariciaba como queriendo llegar hasta el fondo
para quebrarme de una vez por todas.

Otra vez estaba encerrada dentro mío, rogando que alguien me encuentre.

Sentí una presión,
una fuerza que me aplastaba,
me ahogaba,
me dolía.

Me dolía porque estaba viva.
 
La Vida estaba pulsando
desde lo más hondo,
pujaba con fuerza para no apagarse.
Como bailando al compás de su propio latir
me pedía que luche,
me decía que no estaba condenada.

La presión comenzó a desvanecerse,
el sonido cesó,
y la Bestia no pudo mantenerme cautiva en el miedo.

Estoy viva y amo, estoy viva y esa es mi esperanza.
   
Aún convivo con la Bestia,
que sigue esperando,
agazapada,
el mejor momento para cazarme;
todavía no la derroté,
y a veces se acerca a mi corazón y lo manosea,
llenándolo de angustia.

Pero mientras respire,
aunque me encadene no va a poder esclavizarme,
aunque parezca que está a punto de vencerme
no va a poder doblegarme, no va a poder quebrarme.
Porque la Bestia tiene al Miedo de su lado,
pero yo tengo al Amor del mío.


Mariana Vitali

LVX MVNDI

Me armé un paraíso en la poesía, donde las nereidas juegan a la rayuela en las nubes y las golondrinas ya no migran. Un para-siempre de...