Asteria
era la diosa de las estrellas, la diosa del cielo nocturno. Ella alumbraba la
tierra durante las noches, mostraba el camino a los viajeros y creaba los
momentos más románticos para los jóvenes enamorados. Era tan hermosa como el
cielo que reinaba, y tan gentil y cálida como la brisa de una noche de verano.
Siempre
se pensó que los dioses podían hacer lo que quisieran cuando quisieran.
¡Maldito sea el día que esta diosa lo desmintió! Cuando desobedeció a su padre,
Zeus, y perdió, por ello, su fertilidad.
Una
vez, observando la tierra desde su trono de estrellas, Asteria vio un niño en
el bosque. Un niño que se encontraba solo, llorando, mirando las estrellas.
Un mortal de cuatro
años, hijo de ladrones, que vivía en una cueva debajo de un crusácius (lo que
ahora sería un puente). Sus padres dieron todo por él. Robaron la joya más
preciada del pueblo, el orgullo de este, para que su hijo tenga un futuro
asegurado. Pero fueron descubiertos, y castigados con la muerte delante del
niño.
Antes
de morir, su madre le pidió que nunca diga a nadie su nombre, que, de ser
posible, lo olvidara. Así nunca nadie podría atraparlo, ya que ni él sabía su
verdadera identidad.
La diosa sintió el deseo de ayudar a ese niño,
ese solitario niño del bosque, ese huérfano que pedía por una madre. Entonces,
envió a su lechuza, para que dijera al niño que ella, Asteria, lo cuidaría y
ayudaría; que nunca más estaría solo porque lo cuidaría desde el cielo, que
cuando se sintiese solo mirase las estrellas porque ella estaría ahí para él.
Asteria
llamó al niño Astir, que significa estrella, y cuidó de él cada noche, lo ayudó
y lo protegió. Astir vivió en el bosque, mirando las estrellas cada vez que se
sentía solo, alimentándose de los animales del bosque. Creció, y a la vez el
amor entre él y Asteria se volvió más fuerte. Pero una grave enfermedad postró
a Astir, impidiéndole salir de la cueva donde vivía. La lechuza de Asteria cuidaba
de él, le llevaba comida y agua, y servía de mensajera entre él y la diosa.
Astir
estaba triste, porque no podía ver las estrellas, lo que para él significaba no
ver a Asteria. La diosa no podía bajar del cielo, tenía que permanecer allí,
pero ella deseaba más que nadie poder cuidarlo, acompañarlo. Ambos sabían que
la vida de Astir llegaba a su fin. Entonces Asteria, decidió hacerle un regalo
antes de la hora de su muerte, le llevaría las estrellas a la cueva, para que
lo alumbren antes del final.
Entonces,
tomó el reflejo de las estrellas sobre el lago y dijo “Vallan donde mi hermoso niño
se encuentra e ilumínenlo.” Dicho esto, unos seres luminosos se separaron del
reflejo y fueron a la cueva donde Astir se encontraba. Al ver estos seres,
Astir sonrió, dijo “Gracias” y murió.
Asteria,
crea a esos seres todas las noches, la gente llama a esos seres “Luciérnagas”,
pero para ella, son el recuerdo de su amado niño del bosque.
Ph: Ana Gonzales Aguilar (http://flickr.com/photos/anitagonzalezaguilar)
Distantia Sidera
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