lunes, 2 de diciembre de 2013

Estoy a merced del tiempo,
de mi propio sonido.

Un ritmo acelerado,
un sueño que expiró,
una carta que jamás fue entregada,
llamarte y que no contestes
está mi alma cansada.

Distancia perversa,
silencio desgarrador.
Tu voz es la hoguera
en la que fue condenada
a arder.

Un simple suspiro,
una cruel realidad,
me convierte en los despojos
de lo que alguna vez fui.

Estoy a merced del viento,
de mis sueños perdidos,
estoy a merced de tus designios
entregada a tus versos podridos.

Mariana Vitali

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