lista para mostrarse desnuda
en cualquier lugar y a toda hora.
Los demonios que anidan
Los demonios que anidan
en mi cuerpa se exorcizan, sin demora,
cuando escribo.
No espero esconderme del frío,
tampoco entrar
en la perversa mascarada
del falso desinterés,
de la censura del sentir,
yo le hago caso
por sobre todo a mi latir.
Quizás no sea lo mejor para mí
rodearme de corbatas,
que parecen un manojo de serpientes,
de trajes elegantes,
que brillan pulcros
ocultando lo que sucio está realmente.
No necesito nada
de toda esa parafernalia.
Mi alma es de poeta,
y mi corazón de enamorada,
fogata en mi pecho hecha balada.
Entregada
a les otres
para regalarles alas,
o aunque sea un lugarcito tibio
entre tanto invierno desalmado.
Alma de poeta en busca
de versos que sean
un tecito caliente
y un hombro amigue,
un tecito caliente
y un hombro amigue,
un abrazo que consuele
y que sane.
Un verbo,
el único,
el que pudo siempre hacerse carne:
Amor.
Mariana Vitali
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