miércoles, 13 de enero de 2016

Carta última sobre la herida

Escrita un martes 12 de un Enero triunfal. Aconsejada por un Ombú anciano, oriundo del parque de los Árboles Amigos.

Al Famoso Guerrero que se robó mis ojos, mi garganta y mi piel, cuya luz idealicé y admiré durante muchas lunas:
   Me subí en el señor Ombú para conversar con él mientras observaba el mundo. Se pueden ver muchas cosas desde la cima de un árbol añoso, incluso nuestra propia existencia.
   El Ombú me dijo que era tiempo de soltar, que no puedo aferrarme a una ilusión, y vos sos una sombra de mi propio deseo. Te pinté una mirada que no es tuya y maximicé tus cualidades, escondí todos tus defectos y te pretendí resplandeciente. Te di más de lo que mereciste, te amé más de lo que me permitía la voluntad.
   Por eso hoy decidí irme para no volver, porque se que ya no puedo ahogarme.
   No me alcanzan tus explosiones de casi-amor, enferman más de lo que curan. No vas a encontrarme, no como me encontraste antes, porque mientras escribo esto sepulto parte de mi misma.
   Adiós mi Famoso Guerrero, hubiésemos sido muy felices si conmigo te sacabas tu armadura.
                                       


Mariana Vitali.

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